marzo 07, 2007

CIENCIA Y LITERATURA: UN COLOQUIO

Introducción

Leía hace tiempo La estética en la ciencia [Judith Wechsler (compiladora), traducción al español, ed. Fondo de Cultura Económica, México 1982] que reúne una serie de conferencias dadas en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets) por científicos e investigadores de varias universidades de Estados Unidos. Dos de ellos hacen citas de Borges: Cyril Stanley Smith, especialista en metalurgia, toma del cuento Funes el memorioso, una idea con la que inventa la palabra funisidad para caracterizar la propiedad estructural del estado sólido de poseer una suerte de memoria en sus estructuras. Philip Morrison, físico, señala que “el sutil fabulista de Buenos Aires cuenta de un príncipe loco que construyó columnas hermosas color escarlata hasta donde la vista alcanza, pero si uno anda durante una semana terminará por encontrar una blanca debido a que la diferencia discernible en la escala del rojo es digamos del uno por ciento”; ilustra de esta manera la idea de la ruptura de la simetría, muy presente en la física teórica actual [1].

Es posible que Borges estuviera al tanto de las ideas básicas que revolucionaron la física en las primeras décadas del siglo XX. Si así no hubiera sido, es dable destacar que en casi todos sus escritos, en clave ficional o ensayística, está presente el tema del tiempo - junto con los que la reflexión filosófica, científica y mística se ha planteado desde siempre respecto de temas como finitud, realidad, espíritu, espacio, materia, causalidad, sincronicidad o simultaneidad, irreversibilidad, circularidad del tiempo, eternidad-, por él vistos en una perspectiva, en nuestra opinión, nada indiferente a las ideas de Einstein.

A su vez Steven Weinberg, premio Nobel de física por sus investigaciones sobre la unificación de las fuerzas fundamentales de la naturaleza, en El sueño de una teoría final [ed. Crítica, Barcelona 2003] encabeza todos los capítulos con citas de escritores y poetas famosos, y el capítulo 6 lo titula La belleza de las teorías. Si bien, citando al famoso matemático y físico francés Henri Poincaré, admite “puede ser muy difícil definir la belleza matemática, pero ocurre lo mismo con cualquier tipo de belleza”, desarrolla lo que en la física actual se denomina la búsqueda de la simetría en las leyes de la naturaleza, utilizando el concepto de simetría en el mismo campo semántico de ideas como belleza, economía de pensamiento, sencillez, y con significado propiamente físico invariancia de las leyes básicas de la física, respecto de diversos puntos de vista adoptados por el observador, es decir, ante transformaciones de los sistemas de referencia [2].

Lo interesante es que científicos provenientes de ciencias y tecnologías llamadas “duras”, encuentren inspiración o crean necesario ilustrar sus ideas con citas literarias de escritores de gran talento creativo. Creo que no se debe caer en lo que Herbert Read llamó la herejía de Hegel, es decir, identificar inteligencia con razón, esto es, sostener que las funciones de la inteligencia sólo se manifiestan por medio de operaciones lógico-racionales. Sería algo así como considerar que cuando Beethoven componía una sinfonía dejaba de utilizar su inteligencia, aunque obviamente en su proceso creador predominara la imaginación dinámica sobre el razonamiento discursivo. Constituye el centro de la doctrina estética y pedagógica de Read que la imagen antecede a la idea. Y en consecuencia ideas y conceptos tanto del pensamiento natural como del científico se acompañan, al menos en sus escalones iniciales, de las formas dinámicas propias de la imaginación creadora. Puede afirmarse entonces que sin imaginación no puede haber pensamiento, ni siquiera el más abstracto y formalizado: el matemático [3].

Hay que decir que entre ciencia y literatura existen puentes que se transitan de ida y vuelta: científicos que incursionan en las letras y escritores que se acercan a la ciencia. Entre éstos últimos puede mencionarse a Borges, en varias de cuyas creaciones se abordan temas fronterizos entre ciencia y filosofía, destacándose su obra de juventud Historia de la eternidad, en la que con la agudeza que lo caracteriza analiza las relaciones entre tiempo, eternidad e infinito en figuras como Plotino, pasando a los números transfinitos de Cantor y las paradojas matemáticas desde Zenón de Elea a Bertrand Russel. En la mayor parte de su obra narrativa, esos temas son abordados en clave ficcional.

El poeta, novelista, ensayista, dramaturgo y documentalista cinematográfico alemán Hans Magnus Enzensberger evidencia en Los elixires de la ciencia estar muy al tanto de los avances actuales y la historia de la ciencia, reflejados en poemas y ensayos en los que destaca la necesidad de superar las secas visiones positivitas y materialistas de la ciencia y plantea la conveniencia de una sinergia fecundante de lo estético y lo científico. Y señala: “Niels Bohr dijo de la física cuántica que constituye un ejemplo de que se pueden entender muy bien los procesos físicos sin que sea posible hablar de ellos de otra manera que mediante imágenes y metáforas; puesto que su ciencia no trata de la naturaleza, sino de lo que los seres humanos pueden enunciar de la naturaleza; las técnicas literarias han de ser un importante componente de la física ” [4].

El famoso matemático inglés G.H.Hardy cuenta que el poeta romántico Coleridge asistía a clases de química en la Royal Institution. “Cuando se le preguntó por qué se tomaba esa molestia, al parecer constestó: ““Para enriquecer mis provisiones de metáforas””. Y concluye Hardy: “¿Qué sería la ciencia sin metáforas?” [5].

Con la claridad y penetración que lo caracterizan, al analizar las relaciones originarias de la religión con el pensamiento filosófico en los pensadores presocráticos, Bertrand Russell señala: "Muchas cosas admirables de las obras humanas llevan en sí un elemento de embriaguez (hablo de la embriaguez mental no alcóholica), donde la prudencia es barrida por la pasión. Sin el elemento báquico, la vida carecería de interés; con él es peligrosa. La prudencia contra la pasión: este conflicto se extiende por toda la historia. [...] En la esfera del pensamiento, la civilización sobria es, grosso modo, sinónimo de ciencia. Pero la ciencia pura no es satisfactoria; los hombres necesitan también la pasión, el arte y la religión. La ciencia puede poner límites al saber, pero no a la imaginación. [6]

Manuel Trejo

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Desarrollo del coloquio

(12 de agosto de 2003)

Desde hace tiempo –especialmente desde que el uso con cierta soltura del correo electrónico me permitió una frecuente comunicación con las personalidades aquí presentes–, y tras la lectura de varias de sus producciones literarias, se me ocurrió promover un encuentro entre escritores puros y científicos que escriben. Invitados que fueron, se diagramó una mesa redonda que prefiero denominar coloquio por su modalidad dialogada. Quiero también agradecer a Pedro López, director de la Biblioteca Municipal “López Merino” su buena disposición para acoger esta iniciativa y convertirse en coauspiciante de este coloquio.

-Participantes:

MAGDALENA MOUJÁN OTAÑO, matemática y escritora

MARÍA GRANATA, poeta y escritora

JORGE MORENO: psiquiatra y escritor

HÉCTOR VUCETICH: físico y escritor

MANUEL TREJO: moderador

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Moderador: Me cabe ahora, con satisfacción y reconocimiento, destacar la presencia como panelistas, de la doctora Magdalena Mouján Otaño, matemática y escritora, entrañable amiga con cuya relación me enriquezco desde el primer grado de la escuela primaria. La escritora María Granata, poeta y escritora, a cuya obra y persona me acerqué por los buenos oficios de nuestra común amiga María Luisa Punte. Al doctor Héctor Vucetich, físico y escritor, que nos honrara con su participación en un coloquio sobre ciencia y filosofía, realizado hace tres años en el Centro Cultural “Pasaje Dardo Rocha”. Y al doctor Joge Moreno, psiquiatra, profesor de filosofía y escritor, con quien nos conocemos desde hace años por haber actuado en ámbitos comunes de la educación pública bonaerense.

No soy crítico ni especialista en literatura, pero lo que tuvimos en cuenta para organizar este encuentro, fue la cuestión de determinar si hay oposición o coincidencia, no digo ya de preferencias, sino de actitudes a la hora de ponerse a ejercitar la escritura narrativa o poética, se sea científico que además escribe o escritor puro. Y para comenzar se me ocurre plantear este interrogante: ¿Los procesos imaginativos que llevan a la creación artística en general o a la literaria en particular, son distintos, similares o iguales a los de la creación científica? Veamos que opina María Granata:

Granata: Me van a perdonar, dado que no soy científica, conceptos lanzados como en un vuelo. A mí la ciencia siempre me apasionó de una manera realmente impactante. Les reconozco una raíz común a la labor creativa de la ciencia y de la literatura, dado que ambos quehaceres buscan desentrañar los misterios que se presentan a la condición humana, aventurándose en la comprensión de un mundo infinitamente complejo y cambiante. Todo lo veo inmerso en la realidad, aún lo que parezca irreal lo sitúo en la realidad. Para mí la realidad es múltiple, cabe todo en ella, aún lo que no tenga aspecto de cosa visible o tangible, la realidad es el todo, ante lo que cabe es maravillarse

La verdad es el abatimiento de interrogantes, no punto terminal de arribo; sin duda, es penoso seguir en la búsqueda. Nos acercamos a las metas indirectamente, al cabo de movimientos circulares, cuando nos aventuramos, a través de fragmentos, encaminándonos casi siempre guiados por una mirada más que por varias. Esos fragmentos, por supuesto, deben ser concebidos o producidos para componer el todo que hemos desarticulado para tratar de conocer su condición, pero que después debe ser articulado para formar algo; algo que transporte la respuesta, la maravilla de la respuesta. Es preciso mantener la vigencia del desafío; lo hace tanto el científico, como el escritor o el artista. En el desafío, es como si lo existente nos llamara y estuviéramos en continua actitud de acudimiento. En realidad nuestro movimiento, a veces notorio, es acudir; vivimos acudiendo a algo. El acudimiento es el modo de ser del movimiento; nada existe en el mundo de lo pensante y lo tangible sin esa actitud de acudimiento: vamos siempre hacia algo, hacia alguien, hacia una respuesta. La luz sólo se entrega cuando solicitamos salir de la oscuridad. Esa oscuridad envuelve la búsqueda a veces inconciente, sobre todo en los escritores.

En los científicos, la conciencia tiene una supremacía que no deja, quizá, que la inconciencia afluya…aunque tal vez sí. Pero lo importante es ir hacia algo, no detenernos, la detención sería la muerte, quien sabe si no del todo. Todo descubrimiento en materia de creación, todo hallazgo, implica una fusión de lo concreto y lo abstracto, en lo científico, literario y artístico, componiendo un todo, porque no podemos separar totalmente esas vocaciones o disciplinas, porque hay lazos a veces notorios, otras veces, totalmente ocultos a nuestra visión, pero lazos que unen todo. Si analizamos a fondo una obra de arte vamos a encontrar elementos que tal vez correspondan a la ciencia, o tal vez a la literatura, y también en la ciencia de pronto a veces se alcanza el esplendor de un poema, con una belleza, con una verdad luminosa que alcanza la belleza de un poema. La literatura tiene que valerse también de la realidad, de lo tangible, de lo existente, que también responde a lo científico, a una estructura, a la estructura sólida de lo científico. Es difícil separar esas procedencias, esas naturalezas. Por otra parte si lo desarticulamos, si lo separamos, termina inexorablemente en empobrecimiento; si queremos aislar todas estas capacidades humanas, estos distintos lenguajes, vamos a empobrecer, y vamos realmente a impedir que la verdad salga a la vista, se ilumine. No agregamos sino oscuridad cuando queremos poner realmente cada cosa en su sitio; cuando, en realidad, los sitios son comunes, se confunden, se mezclan; los sitios también son vivientes. Pienso que la abstracción es el reflejo, más bien la instalación de lo concreto, y que lo imposible es la posibilidad todavía inmadura. Esta es una frase que la tengo de una de mis primeras novelas y que ha quedado en mí como un axioma: lo imposible es la posibilidad todavía inmadura. Porque lo posible se lanza hacia el infinito mismo, la realidad que contiene todo.

Yo soy una exégeta de la realidad, la valoro y la respeto, no la reduzco, no la considero algo subalterno; la realidad lo contiene todo, todo lo existente es real. La irrealidad, en todo caso, es un juego de nuestro espíritu; pero lo que se impone, yo diría la soberanía de la realidad, es indiscutible, por cuanto es abarcante, siendo que se transfigura, siendo que está en un movimiento perpetuo, entonces la realidad con todo lo que ella puede poseer, merece realmente mi contemplación, mi admiración; la veo como se podría mirar un universo. La realidad es un todo que se va transformando continuamente. Realidad vigente que hay en el descubrimiento, porque el descubrimiento lo recibimos como una gracia; en realidad es algo que creemos que hemos conquistado –de alguna manera sí–, pero de pronto aparece, antes que hayamos hecho todo el camino para llegar a él. A veces nos sobrecoge su aparición, así que el descubrimiento es una de las maravillas concedidas al hombre. En verdad esta es la pregunta ¿pero, en verdad, se llega? Digo en uno de mis primeros poemas: / y al fin cuando comprendas / que nunca llegarás / habrás llegado /.

El todo se transfigura y sigue el camino hacia lo interminable, no hay punto de llegada; en realidad cuando creemos haberlo alcanzado nos damos cuenta que podemos seguir, y ese seguir se puede consustanciar con la idea de la eternidad. Quizá la exactitud sea una manera de llegar; quizá en matemática sea la exactitud la manera de llegar. Sí, la exactitud es victoriosa, pero la emoción más estremecedora está en su aproximación. El estremecimiento más fuerte no es llegar sino aproximarse a la llegada; la aproximación ya nos revela victoria y es más hermosa que la victoria misma; supone la caída de los interrogantes, pero en la medida en que los abatimos surgen otros nuevos, se da como en una tierra de la que podemos arrancar sus hierbas, pero van a aparecer otras, y eso es la maravilla del conocimiento (aplausos).

Moderador: Me resulta muy interesante lo dicho por María Granata cuando afirma que tanto en ciencia, como en arte se está ante una búsqueda inacabada, consustanciada con la eternidad, por medio de un continuo “abatimiento de interrogantes”. Esto de la eternidad me da pie para preguntarle al doctor Héctor Vucetich, que es físico especializado en cosmología: ¿cuáles son las relaciones entre tiempo y eternidad desde el punto de vista científico?

Vucetich: Bueno, esa es una pregunta bien difícil de contestar.

Moderador: Si no le gusta la retiro (risas).

Vucetich: No, de ninguna manera. Vamos a ver si podemos contestar, de ponerme a la altura del tema (risas). En la concepción clásica del tiempo, el tiempo fluía. San Agustín dice, en el último capítulo de las Confesiones (que los ingleses no publican nunca porque los primeros siete capítulos están dedicados a sexo y violencia, y el octavo es buena filosofía. Bertrand Russell dice que los editores ingleses siempre desconfían) que cuando pensaba en el tiempo no sabía lo que era, y cuando dejaba de pensar en él sí sabía. La idea de Newton y Galileo no consistía en intentar suprimir la noción de tiempo, sino tratar de explicar qué era el tiempo, y no decir cómo era. Y reemplazaron una concepción borrosa simplemente por un número matemático. Entonces, desde Galileo y Newton, en ciencia al menos, el tiempo pasó a ser una cantidad abstracta, matemática. El verdadero tiempo matemático y uniforme, fluye uniformemente sin relación con nada de lo existente, con nada de lo real, con nada de lo material... Eso implica que cuando uno trabaja en física, la única forma de describir la eternidad, es mirar el tiempo desde el principio hasta el final. Dios tiene, en particular, esta mirada de la eternidad, y de todo lo que ocurrió, lo que ocurrirá y lo que está ocurriendo; no puedo decir simultáneamente; simultáneamente es una palabra equivocada; simultáneamente significa tiempos iguales. Pero Dios trasciende, él ve todo el tiempo, mal dicho al mismo tiempo.

Pues bien, la teoría de la relatividad cambió de nuevo esta concepción. El tiempo podía ser una cantidad matemática que marcaba cómo iban cambiando las cosas; pero en la teoría de la relatividad el tiempo y el espacio están mezclados de una manera inseparable. Y como uno de sus resultados –es algo terrible respecto de la ley moral–, es que todo lo que ocurrió ha determinado completamente lo que va a ocurrir. No hay ninguna manera de que yo pueda destrabar el universo bloque. Lo que pasa, lo que está pasando, lo que va a pasar ya está todo determinado, y no puedo cambiarlo. Entonces la eternidad en la teoría de la relatividad ha pasado a integrar el universo bloque; no sólo lo que va a ocurrir, lo que ocurrió, lo que está pasando, sino lo que está más allá, lo que está en la galaxia Andrómeda; todo lo que forma el universo bloque que no podemos alterar. Y eso para la ley moral es terrible, porque nadie es culpable de nada, nadie es responsable de nada, y entonces no hay ninguna distinción entre el bien y el mal. Hay salidas, pero son mucho más complicadas, no pertenecen a la física. Estimo que hay salida dentro de la filosofía, por ejemplo la de Mario Bunge . (aplausos)

Moderador: Se me ocurre preguntar si, como alguien ha sostenido por ahí, ¿la eternidad equivale a la nada, la quietud, la inmovilidad?

Vucetich: Tampoco. La eternidad, lo mismo que el espacio, son modos de devenir. No se puede hablar de la inmovilidad, porque no estoy hablando todo el tiempo, al mismo tiempo, de la misma manera que una película. ¿Qué es una película? Una cinta de celuloide donde tengo una serie de fotografías que describen algo. Una fotografía de acá y ahora la puedo llamar presente; lo que va a pasar la máquina va a ser el pasado de esta fotografía, y lo que todavía no pasó va a ser el futuro, pero yo tengo la cinta entera en el rollo que voy a colocar en la filmadora. Eso de tener la cinta entera es la eternidad. Entonces no transcurre la eternidad, no es ni la nada ni es el todo, es un modo de devenir, donde ya vi lo que ya pasó, sé lo que está pasando y sólo presiento lo que va a pasar, sí, porque soy humano; si fuera Dios, sabría, vería (otra vez mal dicho) al mismo tiempo y en el mismo lugar. Como en el Aleph de Borges estaría viendo todo simultáneamente.

Moreno: Perdone doctor Vucetich. Enfocando esto desde el punto de vista literario, diría que todos somos plagiarios, porque si todo está determinado de alguna manera, lo que yo en este momento hago es repetir algo que me está dictando un determinismo inicial.

Vucetich: Es terrible, dentro de la física no hay salida. Puede haberla dentro de una concepción filosófica más amplia.

Moreno: Tal como hace nuestra estimada poetisa, que se aferra a la realidad; pero parece que la física se evade de la realidad para ir a lo real.

Moderador (dirigiéndose al público): Parece que esto funcionara mejor sin moderador. Yo creía que, como inherente a mi condición de tal, disponía de la facultad absoluta de conceder o quitar el uso de la palabra (risas).

Vucetich: El cetro del orador como en la Ilíada y en la Odisea, que va pasando de mano en mano.

Moreno (dirigiéndose al moderador): Como se trata de un coloquio, yo “coloquio”, converso con los demás (risas); (dirigiéndose ahora a Vucetich): Pero usted se sorprende que yo haga una distinción entre lo real y la realidad.

Vucetich: Para mí son sinónimos, pero…veamos.

Moreno: Después de Descartes, mantenemos con Kant que la realidad es el fenómeno y lo real es el noúmeno. Es decir, lo real es desconocido, porque lo único que podemos conocer de acuerdo con la teoría kantiana, es el fenómeno, o sea la realidad. Entonces se hacen los siguientes pasos: para Kant conocemos el fenómeno y queda por conocer el noúmeno, es decir lo real se desconoce. La fenomenología no quiere esta distinción entre lo real desconocido y la realidad como apariencia. Entonces la fenomenología dice: atengámonos a lo dado; saca el noúmeno y dice: la realidad es lo que se nos aparece, mientras para Kant la realidad era apariencia. Y la última etapa es que la realidad es lo que parece ser. La física nos está llevando a que la realidad, la realidad material, es instancia desconocida y que el mundo es lo que el hombre puede captar; pero dentro de lo que capta el hombre de real, hay lo fenoménico y la apariencia.

Moderador: Creo que estamos hablando de la realidad como la realidad exterior, la realidad física. Pero hay una realidad que no es exterior, es la realidad de nuestra conciencia; incluso la de nuestro psiquismo profundo, que para algunos es una realidad tal vez más determinante que la de nuestra conciencia lúcida. Para algunos estudiosos de la estética y de la creación artística, esa realidad profunda es la fuente más rica de lo que Gastón Bachelard denomina imaginación dinámica. Tendríamos entonces dos realidades, la de afuera y la de adentro que en verdad serían una sola, porque no es posible escindirlas.

Moreno: Pasa que, desde el punto de vista humano, la mitad de la realidad está dibujada. Ahí hay un árbol, pero yo digo “qué lindo árbol”, pasa otro y dice “qué árbol asqueroso”, pasa otro y dice “si yo hago tablones ¿cuánto me saldrá?”; es el mismo árbol, pero del árbol lindo la mitad, el 50% lo pongo yo, porque a mí me parece lindo, pasa el otro y dice “qué árbol feo”; el árbol es el mismo, no es ni lindo ni feo, está ahí como entidad. Sin embargo, si hay cinco mujeres con las que yo podría hacer pareja, y elijo una, ¿porqué la elijo?, concretamente, porque la mitad de lo que es esta mujer lo dibujo.

Moderador: Hasta ahora los panelistas varones tienden a monopolizar el uso de la palabra. Para no pecar de machistas, se la vamos a conceder a la doctora Mouján Otaño, con esta pegunta: ¿cuando un científico hace arte, es para salir de los andariveles un tanto rígidos propios de la ciencia, como para practicar una suerte de catarsis liberadora?

Mouján Otaño: ¿Porqué un científico se mete en el arte? ¿Porqué se mete en literatura? Creo que muchas veces es una compensación por no haber podido llegar a algo. Tenemos casos históricos. Pongamos por caso a Kepler. Había diseñado un sistema del universo, un sistema solar; era muy estético, muy bonito, suponiendo asociar a cada par de planetas un par de poliedros; por ejemplo, Mercurio tenía su órbita en la esfera inscripta en un octaedro, Venus la tenía en la esfera circunscripta al octaedro, y así va tomando los cinco poliedros platónicos, y resulta que las relaciones, lo comprobamos tomando las distancias al Sol de cada uno de los planetas, de cada par de planetas, prácticamente son las mismas. Se puede hacer el cálculo, se puede dar a los chicos de la escuela que sepan un poco de trigonometía; se puede encontrar relaciones entre radio de la esfera inscripta en el poliedro, radio de la esfera circunscripta, resulta que vamos obteniendo una correspondencia bien seria, una coincidencia entre las relaciones de esos radios con las distancias de los planetas al Sol. Pero si ahora revisamos aquello, encontramos que la teoría andaba perfectamente, por ejemplo entre órbita de Marte y órbita de Júpiter, tomándolos como el que se mueve sobre la esfera inscripta a un tetraedro y el que se mueve sobre la esfera circunscripta es de 1 ; mientras que, en general, para los otros planetas la relación es próxima a 1,5. O sea que es maravilla: tenemos los poliedros que se adaptan a lo que tenemos en el cielo, todo anda perfectamente. Menos mal que se descubrió Urano después que se murió Kepler, porque había más planetas que los que correspondían a los cinco poliedros regulares. O sea las teorías fallan. Kepler, por si acaso, escribió Somnium, una especie de novela primitiva de ciencia ficción. O sea, creo que siempre existe el ímpetu literario en aquél que ha fracasado en algo. Tomemos el caso de un autor más reciente, Fred Hoyle quien escribió La nube negra. Sostenía la teoría de la creación continua del universo, se peleaba con todo el mundo por ello, y resulta que los registros de la Bell le arruinaron completamente su pastel científico, su pastel de hipótesis, y llevaron a la idea del Big Bang. Pero Fred Hoyle es uno de los grandes de la ciencia ficción. Creo que la frustración lo llevó a escribir esas cosas. Y me parece que ése puede ser el origen: cuando no podemos ir en un sentido, soñamos, posiblemente sea esa la base.

Moderador: Supongo que cuando se crea en ciencia, también se está soñando algo.

Mouján Otaño: Pero creo que casi siempre el sueño es compensatorio, compensa lo que no pudimos hacer.

Moderador: Siguiendo con mi propósito de dar intervención a las damas, vamos a preguntarle a María Granata si se puede hablar de ciencia ficción como un género literario o, como acaba de decir la doctora Mouján Otaño, como un intento compensatorio de, diríamos así, las rigideces de la ciencia.

Granata: Creo que puede considerarse como un género literario, de acuerdo a como esté escrito. Lo que importa en literartura es la exaltación del lenguaje, la precisión , la originalidad y eso, ¿porqué no?, también se da en la ciencia ficción. Como en cualquier otro género, un libro puede ser excelente o puede no serlo, por el lenguaje empleado, por la originalidad, por las imágenes. ¿Porqué no ha de caber en la ciencia ficción la metáfora?; es decir que puede tener un contenido, inclusive la participación del sentimiento humano, la gran expectativa del hombre ¿porqué no? No es un catálogo, no es una cosa extravagante; tengo entendido que la mayor parte de los libros de ciencia ficción ha sido escrita por científicos, tal como lo dijo Carl Sagan,. De modo que hay un basamento cinetífico, pero también hay un lenguaje. El hombre de ciencia ya está participando del idioma y forzosamente lo necesita. Sin duda la ciencia ficción es o puede ser buena literatura.

Moderador: Ahora advierto que no he dado participación orgánica al doctor Moreno. (con ironía): Él se arrogó no más el uso de la palabra, de modo que lo que ha dicho hasta ahora no sirve (risas). Por lo tanto, en mi condición de moderador, le concedo, ahora sí, el uso de la palabra: doctor Moreno tiene el micrófono a su disposición.

Moreno: Yo adoro la verticalidad, no se olviden que soy casado. Escuchaba y me pregunto si en la mayoría de los casos se puede hablar de ciencia ficción o de tecno ficción. Realmente la ciencia ha entrado a formar parte, digamos así, del temario común de la gente, pero ¿sabe realmente la gente lo que es la ciencia, o conoce la ciencia a través de sus productos, de la ciencia aplicada? Considera la ciencia con un sentido de sobrepotencia, de exaltación de lo que se puede realizar utilizándola, esos cohetes, esos poderes de manejarse en el espacio …

Si tengo que hablar del tema, me gustaría hacer otro enfoque, porque mi profesión es la de psiquiatra y dentro la psiquiatría la psicoterapia, o sea que estoy en algo así como la poesía de la medicina. Creo que la única especialidad médica, como no sea la pediatría que toma al ser humano total, que toma al ser humano global es la que se ocupa del niño y de las personas que tienen, digamos así, conflictos. Ahí es donde nos encontramos con el hombre total: no es una rodilla, no es un estómago, no se puede utilizar ningún aparato, salvo el electroencefalógrafo.

Entonces plantearse el tema de las relaciones entre ciencia y literatura, diría yo que es ir a un falso problema, aún la ciencia con sus intentos de exactitud; incluso cabría plantearse, como se ha planteado en algún momento, si la estructura del mundo es física o es matemática. Yo diría que, en última instancia, tenemos algunas dificultades: la primera es que todo esto que estamos haciendo es “dentro”. El único que puede mirar el mundo es, si existe, Dios; porque nuestro Dios está fuera del mundo. Si existiera Dios –hablo así por si hay algún ateo–, es el único que puede mirar el mundo desde afuera. Pero nosotros estamos haciendo todo desde dentro del mundo. Aún el telescopio Hubble siempre está dentro del mundo, por consiguiente siempre es una perspectiva menguada. Entonces, en vez de mirar afuera para ver si la ciencia y la literatura se acercan en algo…, sí se acercan, porque la ciencia tiene una exigencia básica: debe ser transmitida. Si yo sé algo y no lo puedo transmitir a nadie, no hay ciencia; entonces la obligación que se le impone a la ciencia, es la de transmitir; el que no sabe escribir no sabe transmitir ciencia, no es un científico, porque siempre hay una obligación literaria para los que investigan, para los que quieren transmitir sus conocimientos manejando los neologismos específicos, pues incluso la ciencia no sólo tiene la exactitud en el dato sino la exactitud en el lenguaje; las palabras equívocas en ciencia no existen, tienen que ser vocablos unívocos, como para que cuando se habla, se pronuncie una determinada palabra, se diga algo concreto (aplausos).

Moderador: En ciencia cambian las visiones y los conceptos junto con sus portadores, las palabras y sus significados. Por ejemplo el átomo en la antigüedad era una cosa y ahora es otra muy distinta y tal vez será otra cosa en el futuro. Creo que la ciencia contemporánea ha relativizado las ideas de exactitud y precisión, y por lo tanto la de univocidad de las ideas que usa. Le pediremos al doctor Vucetich su opinión al respecto.

Vucetich: Esto es un asunto que se ha discutido mucho, y efectivamente van cambiando los conceptos a medida que van aumentando los conocimientos. Khun, hizo de esto una especie de mistificación, sosteniendo que la ciencia era una sucesión de revoluciones. Hay una sola revolución en física, la copernicana que cambió la concepción del mundo medieval, un mundo teológico, dirigido. Incluso los angloparlantes todavía tienen esa concepción, de un mundo regido por un Dios que se ocupa de cada cosa: de que esto no se caiga, de que la mesa esté en su lugar, y Copérnico reemplazó esa concepción. El catolicismo ya lo había hecho, por un dios que crea reglas, que crea leyes. Fué un cambio de concepción del mundo enorme. Pero es la única, todas las demás “revoluciones científicas” han sido cambios continuos; a medida que se aumenta el conocimiento se van perfeccionando. Y la segunda revolución –es notable que ninguno de estos filósofos que han glorificado las revoluciones se haya dado cuenta–, es la relatividad, con ese cambio profundo en la concepción del espacio y el tiempo. Pero todos estos filósofos del cambio, Feyerabend, Khun y demás, los ejemplos que dan son lamentables, muestran que no han entendido la profundidad de la cuestión y del pensamiento de Einstein y sin embargo, el cambio que supuso la teoría de la relatividad es menor.

Comparando con el cambio que se produce, digamos, desde el Orlando furioso a la novela de ciencia ficción de Kepler; en aquél la Luna es el lugar donde van los pensamientos equivocados de la gente. En cambio, para Kepler la Luna es un planeta que se mueve, que tiene montañas, y que sus habitantes toman baños de sol, y son grandes serpientes; hay un cambio de concepción. No hablemos, por ejemplo, de la Divina comedia; en ella la Luna es una esfera traslúcida, sólida, hay cuatro objetivos que ya no me acuerdo (que viejo que estoy), pero donde se puede penetrar aunque sea una sustancia, perfecta, traslúcida, brillante, como un diamante por el sol herido, también es penetrable por el resto de la materia.

Todo eso desapareció con Galileo, y eso es un gran cambio en el pensamiento. De un pensamiento puramente teológico característico de la Edad Media, se va a un pensamiento en una ciencia exacta, y en un Dios regulador no providente en teología. Y el uso de la matemática como sistematizador de todos los conocimientos.

Permítanme que les lea un gran fragmento de Galileo que viene muy al caso y que además es una muestra de un excelente escritor polémico y estilista, que justamente se refiere a este cambio de mentalidad. “La filosofía está escrita en ese vasto libro que continuamente se abre a nuestros ojos, me refiero al universo, el cual, sin embargo no puede comprenderse si antes no se ha aprendido la lengua en que está escrito, y está escrito en el lenguaje matemático, siendo sus caracteres triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales es humanamente imposible comprender ni una sola palabra. Sin ellos sólo se conseguirá vagar por un oscuro laberinto”. Del oscuro laberinto medieval de ideas, algunas de ellas estéticamente expresadas: si ustedes leen el Canto I, Del Paraíso de La divina Comedia es una maravilla estética, y es absolutamente incomprensible. Dante ahí describe su concepción de la Luna, de la quinta esencia como la sustancia del universo, e intenta explicar porqué la Luna tiene manchas, y no se entiende absolutamente nada. Los invito a leer una excelente traducción de Angel Batistessa, publicada por el Fondo Nacional de las Artes, donde intenta explicar lo de Dante, y no puede explicar nada, porque simplemente es un galimatías muy confuso. Dante tomó ideas de Aristóteles y Santo Tomás y trató de hacer una excelente poesía; la excelente poesíasurgió, pero su esfuerzo por enseñar fracasó totalmente.

En cambio, Galileo –el libro de Galileo, los dos discursos sobre demostraciones matemáticas, sobre dos nuevas ciencias–, todavía se puede leer con muchísima satisfacción, especialmente la primera jornada donde habla de cosas más generales; habla del infinito, de la velocidad de la luz, con una claridad maravillosa. Ese cambio de pensamiento fue fundamental, aunque estéticamente no es brillante como La divina comedia (aplausos).

Moderador: Pienso que la matemática es un instrumento de conocimiento que el hombre ha inventado y construido para encarar el estudio de la realidad, de la naturaleza; esto es así. Pero que en sí, en su esencia, la realidad sea matemática, no parece tan evidente. Hay que admitir, sí, que el hombre es un agente matematizador de la naturaleza, que ha hecho de los métodos matemáticos una herramienta de conocimiento para tener éxito en la vida; además se utiliza como camino para adoptar criterios de verdad eficaces. Pero advierto cierto platonismo en manifestar que la naturaleza está escrita en caracteres matemáticos. Le voy a pedir a la doctora Mouján Otaño que nos dé su punto de vista al respecto.

Mouján Otaño: Entre los matemáticos estamos los que aceptamos la matemática como “la ciencia gloriosamente inútil”.

Moreno: Se dan cuenta que cada uno tiene su realidad.

Vucetich: Los chistes entre físicos y matemáticos son proverbiales.

Mouján Otaño: Eso de que la matemática se puede aplicar y de que no se puede aplicar está reflejado en un tango, cuya letra la escribió un matemático que trabajaba en Energía Atómica, que el país perdió. Se fue a Venezuela porque acá no podía hacer nada y allá ha seguido trabajando. Este matemático que fue uno de los pilares en la construcción del primer reactor –primero no sólo de Argentina sino de Latinoamérica- no comprado sino construido en nuestro país por argentinos–, este matemático que lo mismo que hacía matemática, era capaz de estar enderezando tubos de metal a martillazos cuando se construía el reactor, escribió una letra de tango para señalar la diferencia entre el matemático aplicado y el matemático puro tomándole el pelo a un ingeniero que optó por volverse algebrista. El tango se llama El algebrista, debe tener unos cincuenta años más o menos, pero no es tan conocido, así que les voy a recitar como es la letra: / Algebrista te volviste / resignado hasta la esencia / oligarca de la ciencia / matemático bacán / y junás a los que sudan / en las otras disciplinas / como damas, pobres minas / que laburan por el pan/ . / Te acordás que hasta hace poco / sin mayores pretensiones, / mendigabas soluciones / a una mísera ecuación. / Hoy te has vuelto riguroso, / revisás los postulados / y junás por todos lados / la más vil definición, / Pero no engañás a nadie / y es inútil que te embales / en anillos e ideales / o en las álgebras de Boole , / todos saben que hace poco / reducías las matrices / y rastreabas las raíces / por el método de Sturm. / Y hasta puede ser que andando , /con los tumbos de la vida , /tanta cháchara aburrida / te llegue a alcanzar al fin / y recuerdes con nostalgia / que sin álgebras abstractas / y con dos cifras exactas / lo pasaste tan feliz /. Esa es la diferencia (risas y aplausos prolongados).

Moderador: Los que no cultivamos el mundo de la ciencia podríamos pensar que dentro del rigor científico tiene poca cabida el arte, la poesía, la expresión de las emociones. Por lo que acabamos de escuchar, no es así. Yo me he preguntado alguna vez ¿qué resultaría de ponerle música al teorema de Pitágoras o a la teoría de la relatividad?

Mouján Otaño: El teorema de Heine-Borel que dice: “Todo conjunto cerrado es cubrible por una familia infinita de conjuntos”, se canta con música del aria La calmnia de El Barbero de Sevilla. Lástima que no la tengo, pero dice así: /Dado un conjunto cerrado/y que además sea acotado/……, y termina: /¡Que es cubrible!/¡Que es cubrible!/

Moderador: Vamos a pasarle el micrófono a María Granata – de algunas de cuyas obras hago una lectura mítica–, para preguntarle: ¿qué importancia tiene el mito en la creación literaria?

Granata: El mito es de por sí una creación literaria. Lo que ocurre es que yo…, mi naturaleza es anti mito; es decir que estoy muy apegada al mundo que vemos, sentimos y tocamos; y el mito que me parece puede revestir gran belleza, belleza literaria, no lo discuto, puede ayudar muchísimo a los seres, pero no es mi cuerda. Y encuentro tanta fuerza, tanta capacidad de creación en lo tangible, lo palpable, lo que vemos, lo que nos rodea en la naturaleza y especialmente en el ser humano, en el universo de cada uno, que no necesito el mito.

Moderador: Me sorprende la aclaración de María Granata. Pienso que seguramente una cosa sucede en el autor y otra en el lector cuando, cada uno a su turno, concentra la atención sobre la obra escrita. Cuando leía sus libros me iba forjando un universo de imágenes casi míticas. Tal vez, la mía sea una mala caracterización de sus obras.

Granata: O tal vez no. Porque depende de como interpretemos lo mítico o lo místico; ni uno ni otro necesariamente debe interpretarse en sentido religioso; puede ser un estado contemplativo llegado a sus extremos. Admito que, de pronto, puedo tener una actitud mística pero la tengo ante la vida.

Moderador: Entonces, se pone en evidencia que entre autor y lector, a veces no hay plena sintonía. El lector construye su propio mundo después de la lectura, por lo que el mito puede haber estado en mí pero no en usted.

Granata: Yo he dicho más de una vez que el lector es coautor, porque ¿cuánto pone el lector de sí mismo, cuánto transfigura? Muchas veces me han dicho: “claro, esto sucede porque…”, yo no lo había advertido pero el lector sí. El verdadero lector es casi coautor, vuelca sus vivencias, sus puntos de vista – dado que el acto de la lectura es un espacio común entre ambos- pues, que haría el autor sin el lector.

Moderador: Me gustaría pasar al doctor Moreno el siguiente tema: el mito en el proceso de creación y el mito en la vida.

Moreno: Yo diría los siguiente: mirando la historia de la cultura desde afuera, hay algunos enfoques de antropología cultural que hablan de las creencias, y entre las creencias ponen también las ciencias. Clasifican el conocimiento en las siguientes categorías: saber, que correspondería a la ciencia, serían los conocimientos ciertos, verificables, que pueden probarse, se tiene la sospecha y se pueden probar; opinión, que es lo que usamos mayormente nosotros, es aquel saber que podría haber sido probado pero que todavía no lo ha sido ; si los blancos o los negros, quienes están arriba, quienes son superiores o inferiores, el hombre o la mujer, quien es más inteligente, hay montones de saberes cuya única base es una cierta predilección por una supuesta verdad, pero sobre los que siempre hay oposición, hay discusión: yo pienso ésto, el otro piensa tal otra cosa; otra categoría de pensamiento sería la expresión, donde ahí entraría lo lúdico, lo estético, aquello que por su propia definición sería improbable. En la literatura no hay nada que probar, solamente es motivo de valoración, literalmente, es bello , es correcto, etc., pero es por sí mismo producto de la fantasía. Y la fe; la fe por sí misma no tiene nada que probar, se cree o no se cree. El mito tiene dos momentos, uno en que forma parte de la fe; hoy podemos decir que el mito griego lo usamos, digamos así, como una especie de metáfora, que pueden ser muy bellas. Los mitos tienen una consistencia basada en la fe; los griegos no tomaban los mitos como los tomamos nosotros, como una especie de fábula, para ellos eran una realidad vigente; es más, participan de lo religioso en el hecho de que son inmodificables, es decir, en el momento en que tenía vigencia el mito como una explicación digamos de lo mágico, de lo trascendente. El mito no es lo mismo que una anécdota, no es lo mismo que un cuento; literariamente hoy el mito se usa, pero el mito se usa a capricho, también lo usa la ciencia. Nosotros estamos hablando del complejo de Edipo, del complejo de Electra; de alguna manera esas imágenes han quedado grabadas la mitología también se utiliza en los nombres de las constelaciones, es una fuente inagotable en la pintura, en la poesía, en la literatura en general, pero en su momento era fe.

Moderador: Habría una aparente paradoja en las manifestaciones culturales de la antigua Grecia; su pueblo creó, diríamos así, dos mundos: por un lado el logos, la razón, el pensamiento discursivo para alcanzar la verdad, por otro lado el mito, materia prima de las más sublimes expresiones de su arte. Pero fueron capaces de mantenerlos en la más armónica convivencia. Cabría pensar que los mitos no son más que las proyecciones de las fantasías y complejos que circulan por los vericuetos de nuestra mente, por ello, doctor Moreno, le dirijo al psiquiatra la siguiente pregunta: ¿el universo mitológico que el antiguo pueblo griego construyó puede haber contribuido a su salud mental, funcionando como una suerte de catarsis?

Moreno: Linda pregunta. No es que haya contribuido a la salud mental del pueblo griego, sino que la salud mental del pueblo griego construyó el mito.

Moderador: Buena respuesta. Sólo que entonces, si el doctor Moreno hubiera vivido en la antigua Grecia se hubiera muerto de hambre, porque los psiquiatras estarían demás; bastaría con ir al Oráculo de Delfos.

Moreno: El mito funcionaba como un complemento en su concepción del mundo. Cuando yo digo que la mitad del mundo está dibujado...; ellos tenían una fuerte concepción lógica del mundo, pero fallaban en los casos que no podían explicar racionalmente, por carecer de los "mitos" con que nos manejamos ahora; ellos, para cosas que se les presentaba como problema, inventaban por ejemplo el dios de la montaña, había una pluralidad de dioses. No llegaron como nosotros a algo tan alambicado como un dios creador que está fuera del mundo, para evitar para endosarle alguna imperfección; si el dios está fuera del mundo es porque es perfecto. Como decía Aristóteles, Dios es pensamiento de pensamiento. Dios se pensaba a sí mismo y esa era su perfección, y era infinito e incorruptible; para que sea incorruptible tiene que estar fuera del mundo, rechazaba el panteísmo. Parménides no podía aceptar un dios que estuviera dentro del mundo, porque si el mundo se corrompía, Dios que era el continente del mundo también tenía que ser corrupto.

El tema es este: la ciencia es, digamos así, un servidor común del lenguaje. Donde hay lenguaje hay conciencia; lo que no tiene lenguaje, lo que carece de palabra representa el inconciente; es decir, no todo lo que está en nosotros tiene palabra, entonces nos planteamos como psiquiatras esto: ¿cuándo comienza la mentalidad con palabras?, cuando comienza la auténtica conciencia. Supongamos que un niño al año y medio puede manejarse con algún lenguaje simple. ¿Qué pasó en ese año y medio, qué ocurrió con esa vida psíquica ese año y medio sin palabras? Si yo tuviera que decir desde el nacimiento hasta la muerte, esa curva vital, a qué altura de la vida, yo dividiría ese curso vital en dos partes alícuotas, en dos partes iguales equivalentes; cinco años, el final de los cinco años y el comienzo de los seis. Las cosas que adquirimos, las determinaciones que adquirimos en los cinco primeros de vida, condicionan el resto de la vida. Elperiodo analfabeto, este período alingüístico está lleno de significaciones futuras. No vamos a hablar que haya una protovida prenatal; ya está comprobado que los chicos oyen, los gitanos tocan el violín para que los chicos se vayan acostumbrando a la música. Venimos al mundo genéticamente cargados, el genoma nos indica que ya venimos con una predeterminación básica, pero nos enfrentamos al ambiente; digo: esta es mi mamá, ni siquiera puedo tener una percepción global de un objeto, no existe el paralaje binocular, no existe una experiencia previa. Melanie Klein, la psiquiatra, habla de que entramos en posición paranoide; lo paranoide es lo persecutorio, es el mundo en que yo nazco y, como dice el existencialismo, somos seres arrojados al mundo; en ese momento aparecen los dos terrores básicos de la infancia: el miedo a la agresión y el miedo a la pérdida; porque un niño que no es acogido, que no es tocado y que no es alimentado se muere. Esa primera etapa hasta los seis meses es la de un mundo fragmentado, el niño no tiene un mundo completo, no tiene una visión de la madre, no tiene un entendimiento del mundo, y sin embargo está siendo permanentemente estimulado. ¿Estimulado por quién? ¿Hay un estímulo parejo? La repuesta es no.

Yo digo que la libertad no existe porque no podemos elegir a nuestros padres. El hecho de tener padres significa una herencia, un lenguaje, una localización geográfica, una concepción del mundo, una concepción de la educación, una personalidad que puede ser serena, pero que puede ser neurótica. Todos esos estímulos en esos momentos, en esos seis meses en que somos una mera recepción de estímulos de afuera; todo eso queda grabado, todo eso queda dentro de nosotros. Ese es el objeto A de Lacan que prácticamente es inconciente. El inconciente se va formando posteriormente porque durante los cinco primeros años de vida no tenemos memoria; hay una amnesia fisiológica; generalmente la memoria que tiene un sentido histórico-social comienza en la escuela primaria. Tenemos pantallazos de algunos acontecimientos de los primeros años de vida, pero ¿quién puede contar qué ha pasado en esos primeros años, qué hemos recibido? Una madre nerviosa, unos padres que se pelean, una alimentación que no es la adecuada, un baño que está caliente, el ruido de una puerta. ¿De qué manera todo eso se va grabando como experiencias primarias? Todo eso después se transforma en lenguaje (aplausos).

Moderador: Me dejó pensando lo dicho por el doctor Moreno de que la libertad no existe, que estamos predeterminados. Hay motivos para coincidir, en parte, con esa opinión, pero el asunto trae a mi memoria la tan citada frase de Hegel: “libertad es conciencia de la necesidad”, es decir conciencia de todo aquello que nos determina.

Moreno: La única libertad que nos queda es la de elegir. Si yo quiero una manzana y voy a la frutera donde hay seis manzanas, tengo un conflicto puesto que no puedo comerme las seis. Pero tengo la posibilidad de optar, primero puedo optar por un par. Opto por ser Moreno, no por ser el príncipe de Gales. El destino se determina de cierta manera.

Moderador: La cuestión puede ser opinable. A mí el príncipe de Gales no me gusta como opción. Sin duda el gran desafío existencial -no sé si sería una opción-, es precisamente esforzarme por ser yo y no otro, de construirme a mí mismo tratando de romper con los condicionamientos que me lo impiden o me lo dificultan; y aquí rozamos otro gran tema hegeliano: la alienación de la persona y la consecuente pérdida de su libertad.

Los panelistas nos han expresado a través de sus dichos lo que son y lo que piensan o, tal vez a la inversa y cartesianamente, lo que piensan y, por lo tanto, lo que son, Sería interesante que ahora nos cuenten lo que hacen. -Doctora Mouján Otaño: háblenos de sus creaciones literarias, comenzando por su preferida.

Mouján Otaño: Tuve tanta suerte con Gu ta gutarrak que tengo que preferirla. Dicen que para consagrarse un escritor tiene que conseguir que lo publiquen, que lo traduzcan y que lo censuren. Yo he tenido esa suerte con este cuento, me pasó todo eso. Me lo publicó una revista catalana, lo tradujeron -es decir la traducción vino después-, primero vino la censura. Se consideró que ese cuento era una apología del separatismo vasco, y en realidad era una tomada de pelo a los vascos, en particular a mi familia; ahí aparece toda mi familia, incluso aparecen tres perros Nere, Churi y Belcha, teníamos que aparecer los tres primos. Es un cuento de los de máquinas del tiempo, saltos al pasado, etc., etc., y fue provocado por el primer viaje que hicimos mi madre, una tía y yo al país vasco, donde uno siente que se salió del tiempo, o que los vascos están siempre en el mismo tiempo, es un tiempo diferente del de los demás. En el cuento se dice "nosotros a los neolíticos no los podemos ver, nosotros los llamamos nuevaoleros a ellos". Todo es mantenerse siempre igual y precisamente se trata de una familia vasca que está en Palomares (en el año 1969 ocurrió que en España había varias bases norteamericanas) y se cayó un avión que transportaba varias bombas atómicas que no tenían percutor, digamos que por eso no hubo un desatre espantoso; pero se supone, se supuso entonces, que contaminación debe haber habido. Supongamos que una pareja de vascos está pasando su luna de miel en Palomares; quedan afectados genéticamente y los hijos que tienen son superhombres. Uno de ellos inventa la máquina del tiempo, saltan al pasado, y esos superhombres son los vascos de hoy. Ese es el cuento.

Moderador: Si me permite doctora Mouján Otafto. -haciendo referencia a lo que comentábamos antes con María Gránata, de que el lector aplica su propia fantasía, yo infería de la lectura de su cuento que está implícito, en el relato, el mito del eterno retorno ¿Coincide conmigo?

Mouján Otaño: Sí. Cuando uno empieza a leer cosas sobre los vascos (de lo que yo me he acordado un poco tarde ), y me he interiorizado de la cuestión, a raíz de las cosas que ha dejado escritas mi madre que, después de jubilada aprendió a hablar el vasco perfectamente y empezó a traducir lo que mi abuelo había dejado escrito. El había muerto en 1910; cuando se murió el marido joven, mi abuela debe haber quedado con un shock, ella dejó de hablar vasco, guardó todo lo que su marido había escrito y ahí quedó. Cincuenta años después la hija empieza revisar eso; le ha mandado copias microfílmadas de lo que el padre había dejado, y eso se publicó luego en el país vasco, en la obra de un jesuita, el padre Zabala, que ha ido publicando todo. Desgraciadamente para mí todavía es inaccesible, aunque estoy estudiando el vasco...Ustedes saben que el demonio estuvo siete años allá y aprendió solamente a decir en vasco sea sí y no, pero nada más; se fue al final porque se dice que nadie que sea malvado puede aprender el vasco. En el cuento Gu ta gutarrak yo aclaro "no somos racistas, somos especie no raza Treinta y tres años que pasaron desde aquella publicación censurada; se dice que lo único que le falta a uno es tener un amigo obispo que lo excomulgue, porque entonces el escritor queda consagrado. Bueno, en mi caso no conseguí la excomunión. Es un cuento muy ortodoxo, muy religioso; pero últimamente también estoy escribiendo sobre los vascos, basándome en una historia bastante rara. Mi madre dejó escrita la traducción de un verso que mi abuelo dedicó a los vascos que iban a pelear en la guerra de Cuba, creo que 1896. Como todos los versolaris, porque mí abuelo era un versolari, un payador vasco; y empezaban ellos por poner los antecedentes de la cuestión sobre la que iban a hablar, se iban siempre a la creación del mundo y a Caín y Abel; empezaban por ahí. Precisamente este verso empieza en Caín y Abel, mostrando antecedentes de los vascos, sigue adelante y se mete en uno de los primeros mitos vascos, una cosa que yo oía decir siendo muy chica. Mi madre me contaba un episodio vasco tradicional: que ante la pelea contra los romanos invasores, los vascos viejos se reúnen y deciden, para mantener la defensa del territorio vasco, que hay gente que sobra, ¿quienes son?, los viejos, hay que dejar que los jóvenes sigan. Los viejos vascos se tiran entonces desde el monte Hernio, un monte guipuzcoano, y los jóvenes siguen luchando. Hubo quien me dijo: ¿pero se tiraron, y después se los comieron? Sería una solución para los problemas de Anses, digamos que le gustaría mucho a gente como a Cavallo y compañía.

Ese mito es de las cosas que los vascos se transmitieron oralmente porque escritura no tenían; posiblemente la consideraran una cosa algo diabólica. Los demás pueblos de la península han tenido escritura, los vascos pueden haber escrito algo en el siglo VII, como que tuvieron una escritura primitiva, pero no es seguro.

Moderador: Puede suponerse que todas las producciones salidas de sus plumas son hijas dilectas de sus autores. Pero es casi seguro que siempre habrá algunas preferidas. -Pedimos ahora a María Granata que nos diga cuales.

Granata: Conmigo pasa esto: yo no guardo memoria ninguna de todo lo que hice. Bueno de alguna de mis novelas sí, de otras no. Me atrae más lo que va a ocurrir que lo que ocurrió. Por otra parte como las escribo sin separar nada, sólo tengo que tener el tema, el protagonista, y el final; el argumento no lo tengo. Quiere decir que no es una cosa que está en mí trabajada, pensada, que entonces me quede en la memoria, y corno al correr de la pluma y en poco tiempo después emprenden vuelo.Me interesa más lo que voy a hacer que lo que hice. Naturalmente tengo algunas preferencias -no digo que no-; por ejemplo en mi poética La muerte del adolescente, en mis novelas Los viernes de la eternidad, tal vez porque fue la primera, pero mi visión está en lo que voy a hacer, y no en lo que hice.

Moderador: Me parece muy bien, es un signo de gran vitalidad creativa. Ahora me dirijo al doctor Vucetich. Además de haber sido galardonado por sus múltiples trabajos en el campo de la física y la cosmología, tiene varias producciones literarias, y como los demás panelistas también ha recibido premios. Mi pregunta es: ¿Será El silbido del viento en la ventana su obra preferida? ¿Sus producciones narrativas pertenecen al género de ciencia ficción? Le hago esta última observación: en esa narración veo mucha imaginación pero ninguna ciencia ficción, como podría esperarse de un científico que cultiva las ciencias duras. Además le pido que mencione a quien superó en el concurso.

Vucetich: Efectivamente he recibido algunas distinciones por mis trabajos científicos. La novela corta El silbido del viento en la ventana recibió el premio “Más allá” (CAICYF) 1993 al salir primero de una terna que también integraba Bioy Casares. Puede que haya otras por mí peferidas. En mis creaciones no me he propuesto hacer ciencia ficción, sino practicar la escritura con la mayor calidad literaria posible, sin que se me plantee contradicción alguna con mis tareas científicas.

Moderador: El doctor Moreno tiene una numerosa producción que cubre ensayo, poesía, drama, cuento y novela, algunos galardonados ¿De sus creaciones, tiene alguna preferencia en especial?

Moreno: No podría decir cual de mis trabajos es el preferido. Ocurre que uno se mete por completo en lo que está haciendo o se entusiasma con lo que tiene proyectado. Se goza más con lo proactivo que con lo ya hecho que pasa al depósito de la memoria.

Moderador: No puedo cerrar este encuentro sin agradecer a los distinguidos panelistas que me honran con su amistad, por estas dos horas de goce intelectual que nos han brindado. Y al público asistente por su atenta presencia que contribuyó, sin duda, a dar un tono elevado a la reunión.

A todos muchas gracias, (aplausos prolongados)


[1] Cyril Stanley Smith, profesor emérito de metalurgia en el MIT, señala en su participación, La jerarquía estructural en la ciencia, el arte y la historia, pág. 72: “Hace algún tiempo –en el Memorial Day, de 1970–, acuñé la palabra “funesco” para este aspecto de la estructura, por el infortunado personaje de Jorge Luis Borges, Funes “el memorioso”, que recordaba todo. Las diferentes estructuras tienen diferentes grados de “funisidad”. La física es en general afunesca. Generalmente, tanto el enfoque analítico del físico como los métodos promediadores del experto en estadística alcanzan su exactitud mediante la eliminacón de los aspectos funescos del mundo”. Por su parte Philip Morrison, profesor de física en el MIT, en su intervención sobre las simetrías rotas, pág.121, dice: la “historia es casi real”…”la paradoja surge porque las decisiones globales y locales de igualdad no son las mismas, un fuerte argumenro a favor de la idea de simetría como discernibilidad”.

[2] Weinberg se pregunta: “¿De donde saca entonces un físico un sentido de la belleza que ayuda no sólo a descubrir teorías del mundo real, sino incluso a juzgar la validez de teorías físicas, a veces frente a evidencia experimental en contra? ¿Y cómo el sentido de la bellaza de un matemático conduce a estructuras que son valiosas a los físicos décadas o siglos más tarde, incluso aunque el matemático pueda no tener ningún interés en las aplicaciones físicas?” (ob. cit., p 128). Y concluye su bello capítulo: “Aunque todavía no tenemos una idea segura de si en nuestro trabajo podemos confiar en nuestro sentido de la belleza, en física de partículas elementales los juicios estéticos parecen estar trabajando cada vez mejor. Para mí esto es una evidencia de que nos movemos en la buena dirección y de que quizá no estamos demasiado lejos de nuestro objetivo” (ob.cit. p 133)

[3] Herbert Read: Imagen e idea, Fondo de Cultura económica, México 1972, p 31. Señala Read que el historiador Hawkes “nos ha prevenido contra la falacia de suponer que el desarrollo histórico del simbolismo al naturalismo es una degeneración […] Pero el profesor Hawkes mismo es culpable de una curiosa falacia cuando sugiere que, en el arte, “el abandono del realismo puede compararse con la elevación de la inteligencia humana al pensamiento abstracto”. “He aquí un vestigio de lo que llamaría la herejía hegeliana, la identificación de la inteligencia humana con el razonamiento discursivo, como si se pudiera decir que Platón era “más inteligente” que Praxíteles o que Freud era “más inteligente” que Cezanne”.

[4] Hans Magnus Enzensberger: Los elixires de la ciencia, trad. al español, ed. Anagrama, Barcelona 2002. p 275.

[5] Referencia extraída de H.M.Enzensberger: op.cit., p 272.

[6] Bertrand Russell: Historia de la filosofía occidental, ed. Espasa- Calpe, Buenos aires, 1947, p. 42. Agrega: "entre los filósofos griegos, como entre los de los tiempos posteriores, hubo los que fueron principalmente científicos, y otros principalmente religiosos; estos últimos debían, directa o indirectamente, mucho a la religión de Baco. Esto se aplica especialmente a Platón, y a través de él a las filosofías posteriores que últimamente desembocaron en la teología cristiana". [...] El culto a Dionisos (Baco), en su forma original, era salvaje y en muchos aspectos repulsivo. No fue en esta forma como influyó en los filósofos sino en la forma espiritualizada atribuida a Orfeo, que era asceta, y sustituía la embriaguez física por la mental".

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